Crónica de una exiliada cultural


El mundo más allá de las carreteras concesionadas


  • En la soledad del destierro tienes tiempo para pensar “boludeses”. La comparación de alguna forma te ayuda a ver y te permite responder esos recurrentes cuestionamientos: Quién soy, de dónde vengo, dónde estoy y qué día es hoy. Una a una iré intentando responder a estas preguntas. He aquí la primera entrega de esta intrascendente y muy personal bitácora del exilio.


Alguna vez pensé que vivía en un escenario armado, como en The Truman Show. Que la cordillera era un cartón pintado y que del otro lado estaba el switch. Cuando por fin llegué a Argentina, seguí pensando lo mismo... después de todo el camino fue largo y perfectamente podrían haber cambiado la escenografía mientras dormía, dar vuelta un par de calles, marearme un poco, desorientarme y chao. Por suerte encontré otras diferencias de orden político-culturales, que diluyeron esa sensación.

Increíblemente, más allá de las carreteras concesionadas, sigue un camino que se ensancha ofreciendo libertades. Tomas (o tomás) ese camino por distintos motivos y el motivo le dará el rotulo a tu exilio. 211 mil chilenos y 218 mil hijos de chilenos nacidos en el extranjero, residen en Argentina, país que concentra el mayor número de inmigrantes chilenos en el mundo, según la Dirección para la Comunidad de Chilenos en el Exterior (Dicoex).


Basándose en datos del año 2004, la misma institución asegura que la mayoría emigró por razones económicas, en segundo lugar por motivos familiares, sólo un 8,5% lo hizo por motivos políticos y un 0,7% para estudiar. Ese porcentaje parece haber aumentado desde esa fecha hasta hoy, siendo muchísimos los jóvenes chilenos que protestan en las ciudades trasandinas auto denominándose exiliados culturales o exiliados por la educación. El grupo de facebook Movimiento Estudiantil de Chilenos en Argentina registra más de 800 miembros y en la ciudad de Córdoba este año se conformó una Asociación de Estudiantes Chilenos.

La mayoría de ellos estudia algo relacionado con arte, aunque la práctica se ha extendido a otras áreas como la salud y las ciencias sociales. En Chile en tanto lo que se ha expandido es el mito. La historia de que “el amigo del amigo estudia gratis en Argentina y que allá la educación es mejor”. Dato que ha servido de argumento en la lucha estudiantil y que posiciona al modelo educativo Argentino como un referente para las demandas del movimiento.
Pero hay mucho más sobre el auto exilio, historias intimas de luchas y aprendizajes, que alguna vez vi en el cine o la televisión, pero que recién ahora, a mil kilómetros de distancia de mi ciudad de origen, puedo entender.

La soledad, la distancia, las dificultades y las comparaciones te obligan a escucharte a ti mismo haciendo reflotar esos nunca bien ponderados cuestionamientos: Quién soy, de dónde vengo, dónde estoy y qué día es hoy. Ni existencialismo, ni apagón de tele, estas son las preguntas esenciales y he aquí mi arriesgado intento por responderlas una a una.


1.- Quién soy ( y quiénes somos)

Hace poco descubrí que soy parte de los exiliados culturales. Lo descubrí viendo el documental Vos sos cuático, nombre que expresa la fusión de modismos chilenos y argentinos. El filme, se da a la tarea de dibujar el difuso perfil de los chilenos radicados en Buenos Aires. Me parece que de alguna forma los exiliados por la educación también somos exiliados políticos, porque es el modelo político el que mercantiliza la educación y nos impide estudiar en nuestro país.

Y sobre el exilio político habla la película francesa “La culpa es de Fidel”, que caracteriza -aunque de forma breve y sin proponérselo- a los chilenos autoexiliados en Francia a principios de los 70, su forma de organizarse y de hacer política. Cuenta la historia de una niña cuyos padres cambian de vida para apoyar el socialismo. Ver a otros exiliados, mirando a Chile desde lejos, me hizo pensar en mi, en nosotros, en quienes y cómo somos.

Somos menos lanzados que los Che, más borrachos y compartimos menos en grupo. Somos tremendamente desconfiados, incluso -dice la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)- que el 87% de los chilenos desconfía de la gente (¡¡¡¿¿¿Qué onda???!!!). Trabajamos como esclavos y estamos endeudados.

Decimos “tú”, “po”, “ya”, “cachay”, “caleta”,”tomar once”, “la cagó”, “la raja”, “barsa”, “curao”, “chucha” y terminamos muchas palabras en i (“¿teni?”, “¿queri?”) Cuando te vienes, todos te dicen que más te vale “no volver hablando che, como los futbolistas”, cuando estás aquí es más complejo de lo que parece. A algunos se les pega inmediatamente el acento y su excesiva permeabilidad da risa. Los que se resisten y siguen hablando chileno siempre llaman la atención pero nadie los entiende bien y la comunicación con el otro termina girando siempre en torno a la nacionalidad, los chilenismos y anécdotas menores. Como contaba el actor chileno radicado en argentina Patricio Contreras, corres el riesgo de convertirte en “chileno profesional” una profesión agotadora.

No tenemos plata. Si bien entre los estudiantes chilenos también hay fachos (que viven en contradicción defendiendo el modelo neoliberal y aprovechándose de un estado benefactor) la mayoría es -al menos- crítico del sistema conservador y de ultra derecha que se impone en Chile desde los años 80. Porque los exiliados chilenos en Argentina no somos de familias ricas, si tuviéramos mucho dinero nos hubiésemos podido quedar en Chile o nos habríamos ido a otro continente.

Vivimos en la contradicción. Los exiliados políticos en Argentina quisieramos estar marchando con nuestra gente y queremos hacer algo desde afuera. Vivimos la alegría del privilegio de poder estudiar gratis, y la pena del deseo de que otros chilenos puedan hacer lo mismo, sin tener que abandonar su hogar. Me dicen que soy valiente por haberme venido sola y yo me siento cobarde por abandonar una lucha en la que creo.

Estamos aquí y estamos allá. Revisamos las noticias en los medios alternativos, nos pegamos en facebook, preguntando y conversando; manteniendo esos lazos que no queremos perder; queriendo ser parte de lo que está pasando. Los chilenos desterrados estamos cruzando los dedos, las manos y todo el cuerpo para que algún día Chile tenga educación pública y gratuita.



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