Strange days, de Katryn Biglow: De cómo los excesos pueden arruinar una buena trama
14 años pasaron antes de que pudiera ver “Strange Days”, el film de ciencia ficción de Katrhyn Bigelow (Point Break). Cuando se estrenó en 1995, yo cumplía apenas 11 años de edad, por lo que algún adulto entrometido, decidió que no tenía criterio para verla junto a mis primos mayores. Picada y escondida tras una puerta, pude ver algunas escenas que sólo aumentaron mi curiosidad, y es que a primeras luces la historia es buena.
Con una mirada ciberpunk apocalíptica de lo que sería la llegada del 2000, Bigelow retrata un EE.UU. caótico y violento, en el que la imagen de Jeriko one, un rapero crítico del sistema, acapara la atención de la prensa. En este contexto Ralph Fines interpreta a Lenny Nero un contrabandista de “Clips”, grabaciones sensoriales de las experiencias personales, que son reproducidas en “Squid” una especie de reproductores de minidisc, conectados a un aro que se pone en la cabeza, mediante las cuales los usuarios pueden meterse mentalmente en una “repetición”, sintiendo por completo la experiencia de quien grabó un momento de su vida. A las manos de este decadente ex policía llega un clip con contenido snuff, en el que una conocida suya es violada y asesinada, de inmediato se sumerge en la investigación del asesinato, que resulta tener más implicaciones de las esperadas.
Las primeras imágenes de la película impactan y enganchan a cualquier espectador, la movediza cámara subjetiva hace vivir en primera persona el asalto a un minisuper, el clip al que está “cableado” Lenny. Esas primeras y prometedoras tomas fueron las que vi a en mi infancia y tal vez por eso, durante años busqué el filme en los videos clubs y mil veces traté de verla en el cable, pero la película se escurría. Cuando descubrí Taringa.net quise bajarla de internet pero no coincidían los subtítulos… hasta que mi hermano la encontró. Ahora, después de verla, entiendo porque “Días extraños” se escondía: no quería decepcionarme. Y es que “Strange Days” se queda en una buena idea, en una promisoria trama, una historia que quiere ser pero no puede. La larguísima introducción y el final recargado de clichés, le quitan espacio al desarrollo del conflicto, que pudo ser aprovechado para crear tensión, vértigo o al menos algo de suspenso, lo mínimo esperable en una historia sobre una especie de droga de realidad virtual que amenaza con convertirse en un sórdido vicio, algo que sí se logra en la laberíntica Existenz de David Cronenberg (1999).
Al final, la sensación es que sobran peleas, balas, besos, lagrimas y sobre todo sobra la maldita confesión del asesino que, cual enemigo de James Bond, revela su perversión y planes maléficos. En cambio, falta desarrollar la intriga del asesinato y por sobre todo la sensación de un ineludible apocalipsis que –según el filme- se respiraba (más bien se respiraría) en vísperas del nuevo milenio, algo que se esboza, pero no se logra.
La banda sonora es mucho mejor y probablemente el elemento que más contribuye a crear ambiente. Compuesta por 13 potentes y oscuros temas, como Selling Jesus de los británicos Skunk Anasie, la deliciosa No White Clouds de Strange fruit, la participación de Peter Gabriel y la excelente interpretación que la propia Juliette Lewis hace de Hardly Wait, de PJ Harvey.
Vivir los días de otros, días que no te pertenecen, es la razón del título y un giño a la moraleja antidrogas que se sutilmente se plantea; moraleja aplicable a la propia elaboración del film y a su escritor y productor James Cameron (Titanic): ASÍ COMO CUALQUIER DROGA, EL ABUSO DE LOS RECURSOS HOLLIWOODENSES PUEDE MATAR A UNA BUENA IDEA.
Con una mirada ciberpunk apocalíptica de lo que sería la llegada del 2000, Bigelow retrata un EE.UU. caótico y violento, en el que la imagen de Jeriko one, un rapero crítico del sistema, acapara la atención de la prensa. En este contexto Ralph Fines interpreta a Lenny Nero un contrabandista de “Clips”, grabaciones sensoriales de las experiencias personales, que son reproducidas en “Squid” una especie de reproductores de minidisc, conectados a un aro que se pone en la cabeza, mediante las cuales los usuarios pueden meterse mentalmente en una “repetición”, sintiendo por completo la experiencia de quien grabó un momento de su vida. A las manos de este decadente ex policía llega un clip con contenido snuff, en el que una conocida suya es violada y asesinada, de inmediato se sumerge en la investigación del asesinato, que resulta tener más implicaciones de las esperadas.
Las primeras imágenes de la película impactan y enganchan a cualquier espectador, la movediza cámara subjetiva hace vivir en primera persona el asalto a un minisuper, el clip al que está “cableado” Lenny. Esas primeras y prometedoras tomas fueron las que vi a en mi infancia y tal vez por eso, durante años busqué el filme en los videos clubs y mil veces traté de verla en el cable, pero la película se escurría. Cuando descubrí Taringa.net quise bajarla de internet pero no coincidían los subtítulos… hasta que mi hermano la encontró. Ahora, después de verla, entiendo porque “Días extraños” se escondía: no quería decepcionarme. Y es que “Strange Days” se queda en una buena idea, en una promisoria trama, una historia que quiere ser pero no puede. La larguísima introducción y el final recargado de clichés, le quitan espacio al desarrollo del conflicto, que pudo ser aprovechado para crear tensión, vértigo o al menos algo de suspenso, lo mínimo esperable en una historia sobre una especie de droga de realidad virtual que amenaza con convertirse en un sórdido vicio, algo que sí se logra en la laberíntica Existenz de David Cronenberg (1999).
Al final, la sensación es que sobran peleas, balas, besos, lagrimas y sobre todo sobra la maldita confesión del asesino que, cual enemigo de James Bond, revela su perversión y planes maléficos. En cambio, falta desarrollar la intriga del asesinato y por sobre todo la sensación de un ineludible apocalipsis que –según el filme- se respiraba (más bien se respiraría) en vísperas del nuevo milenio, algo que se esboza, pero no se logra.
La banda sonora es mucho mejor y probablemente el elemento que más contribuye a crear ambiente. Compuesta por 13 potentes y oscuros temas, como Selling Jesus de los británicos Skunk Anasie, la deliciosa No White Clouds de Strange fruit, la participación de Peter Gabriel y la excelente interpretación que la propia Juliette Lewis hace de Hardly Wait, de PJ Harvey.
Vivir los días de otros, días que no te pertenecen, es la razón del título y un giño a la moraleja antidrogas que se sutilmente se plantea; moraleja aplicable a la propia elaboración del film y a su escritor y productor James Cameron (Titanic): ASÍ COMO CUALQUIER DROGA, EL ABUSO DE LOS RECURSOS HOLLIWOODENSES PUEDE MATAR A UNA BUENA IDEA.
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