Casino Marina del Sol: Las miserias detrás del lujo
Trabajo precario en Marina del Sol
Las miserias detrás del lujoso casino
Por Sofía Fernández, publicado por La Diagonal
Prometieron 3.500 empleos, capacitación para el personal, una inversión de 91 millones de dólares, convertir un basurero en un canal navegable, impulsar el desarrollo y promover el turismo. A la población cesante de Talcahuano –cerca del 15%- le brillaron los ojitos, el alcalde se frotó las manos pensando en la cantidad de impuestos que podrían ingresar al municipio y hasta los ambientalistas del puerto estuvieron de acuerdo con la construcción del Casino, aunque ésta significara rellenar uno de los humedales más grandes de la zona, todo sea por el empleo. Marina del Sol era el mesías que venía sacar a los choreros de la depresión y el olvido. A seis meses de su puesta en marcha, las profecías están muy lejos de cumplirse.
Muchos dejaron sus antiguos trabajos por la ilusión de mejores condiciones laborales, pero detrás del lujo y la ostentación, sólo encontraron miseria para los empleados. Contratos que duran dos meses y después: ¡Chao!; ambiente laboral malo, los horarios que no se cumplen, horas extras que no se pagan, así y todo algunos jefes señalan: “da gracias que tení trabajo”, cuentan ex empleados.
El empleo soñado
Estabilidad laboral, mejor sueldo, probabilidades de aumento y de hacer carrera, fueron algunos de los ofrecimientos, que motivaron a Carlos a renunciar al trabajo en el que se desempeñó por más de 10 años, perdiendo la indemnización que le correspondía. Llegó al casino Marina del Sol a fines del 2008 y recuerda que en el sector restaurante todo funcionaba mal, “no se podían coordinar las funciones y se generaba un caos. Un día estuvo tan mal el servicio, que el mismísimo Nicolás Imschenetzky, (dueño de la inmobiliaria Valmar y director de Marina del Sol) nos amenazó a todos con que iba cerrar el restaurante y los iba a echar cagando”
Asustados, junto a un compañero se pusieron la camiseta por la empresa y formularon un proyecto de mejoramiento del restaurante. Cuando el proyecto estuvo listo, se lo presentaron al gerente del casino, Juan Ignacio Ugarte (ver dato) y Oscar Pradenas el Gerente de Recursos Humanos (ex gerente de recursos humanos de Paneles Arauco) quienes les aseguraron que se les subiría el sueldo y se les capacitaría para que materializaran esas propuestas.
Al cabo de un mes Carlos entendió que pronto se desharían de ellos sin aumentos, ni capacitaciones y quedándose con sus ideas. Y así fue, al poco tiempo los despidieron a ambos y algunas de sus propuestas, como la caja en el salón de bingo y los carros bar, fueron puestos en práctica. Sin trabajo y desmoralizado por haberse arriesgado dejando su antiguo puesto, Carlos quedó endeudado y en la calle.
Su propina es mi sueldo
Silvana Guerrero ex supervisora de alimentos y bebidas cuenta que el primer problema se presentó en vísperas de navidad. El casino debía dinero a los garzones y además por esos días Pradenas le prohibió a Silvana entregar las propinas, que pagaban semanalmente los lunes, hasta que él lo ordenara. Complicados por las deudas y los regalos navideños, los empleados le solicitaron a Silvana que gestionara un adelanto. Al principio recibió el rechazo de su jefe, “le dije que la gente no tenía dinero para navidad y me dijo: que se consigan porque esta es política de la empresa” recuerda. Tras la negativa escribió un mail a Ugarte, logrando que a la semana siguiente les pagaran un adelanto y las propinas. “Pradenas publicó un cartel en el que aparecía como el viejito pascuero, que estaba entregándoles esas regalías por buena voluntad, como si fuera su regalo de navidad” dice Silvana.
Pocos días antes de pascua, llegaron los libros de asistencia y según cuenta la ex supervisora, a ella misma le tocó hacer que los trabajadores firmaran el mes completo de una sola vez y que repartieran las horas extras en varios días, para que no se notara que estaban haciendo más de dos horas extras diarias, el máximo permitido por la ley. Cuatro días antes de terminar su contrato la despidieron, señalando que era por reducción de personal. No obstante, de inmediato pusieron a alguien más en su lugar.
Silvana, recuerda que Pradenas constantemente estaba advirtiéndoles que podían perder su trabajo, algo que en su opinión, generaba un ambiente tenso y estresante. “Los canadienses, encargados de los juegos, son distintos con los trabajadores incluso, a ellos les sorprendía que acá tuvieran ese trato con los empleados.” Comenta.
Legalmente negreros
En seis meses de funcionamiento el casino ha sido fiscalizado 5 veces por la inspección del trabajo, debido a denuncias realizadas por trabajadores de la empresa. Les han pasado 8 multas y en tres de ellas han apelado. Una de las infracciones fue cursada por no conformar comité paritario y la otra, porque no había libro se asistencia. Silvana asegura que durante su estadía en el casino, cada vez que la inspección visitaba el recinto, los empleadores “Elegían a los que nunca alegaban por nada, para que fueran interrogados por la inspección y el resto se quedaba prácticamente escondido” señala.
A las amenazas constantes y los comportamientos abusivos se les llama mobbing, este aún no está tipificado como delito, por lo que el trabajador puede “demandar perjuicios y pedir el que se termine el contrato de trabajo, a través de lo que se llama el auto despido, cuyas causales están en la ley y una de ellas es el mobbing.” Explica el abogado laboral y académico de la Universidad San Sebastián, Andrés Varela. Añade, que esta medida es de interés del trabajador en caso de que lleve un tiempo considerable en la empresa, porque sólo así podría obtener una indemnización.
Con la reforma procesal laboral, se abre otra alternativa: el procedimiento de tutela de los derechos fundamentales. “En este procedimiento, el juzgado debe determinar de qué forma concreta el empleador debe reparar las consecuencias de su vulneración de los derechos del trabajador.” Explica el abogado.
Otras de las irregularidades denunciadas por los ex trabajadores, tienen relación con la jornada laboral, las horas extra y de descanso. En este caso, Varela deja claro que la ley establece que las jornadas laborales no pueden exceder las 8 horas diarias, más dos horas extras que deben ser canceladas al 50% más del valor de la horas ordinaria. Las horas extras no pueden ser permanentes y en la jornada debe existir al menos media hora de descanso. Se entiende que esta hora debe servir para reponer fuerzas y por tanto debiera ser en medio del horario de trabajo, aunque esto queda a criterio del empleador…
La Lista negra de la flexibilidad laboral
Edward ex jefe de cocina, no tiene malos recuerdos en cuanto a ambiente laboral y trato, pero si quedó muy disconforme con el modo en que los despidieron y aún no se explica porqué. Al igual que muchos de sus compañeros, antes de terminar su contrato consultó a su superior por su desempeño y le dijo que estaba todo bien, y creyó que le renovarían contrato. No obstante, al día siguiente se vio en una lista que le prohibía el ingreso. Recuerda que cuando fue a retirar había cerca de cincuenta personas más en la misma situación. “Vi como reducían personal y sobrecargaban de trabajo a los que iban quedando” comenta.
Posteriormente fue contactado por un tercero para trabajar, en un evento que se realizaría en el casino pero, al igual que a Silvana, se lo impidieron ordenes del casino. Según Explica el abogado, esta situación se denomina informalmente “listas negras”, en ella la empresa decide no volver a permitir el ingreso de trabajadores con los que han tenido problemas. Pero en otros casos lo que se busca es evitar que permanezcan mucho tiempo en la empresa, para no tener que generar contratos indefinidos o pagar indemnizaciones en caso de despido. Sin duda este es un abuso de la flexibilidad laboral, aunque completamente legal. “Frente a esto la legislación protege a aquellos trabajadores que entran y salen de la empresa con contratos a plazo fijo, pero no a aquellos que simplemente son despedidos.” Explica Varela. Y es que con la cantidad de cesantes, no cuesta mucho reemplazar a los trabajadores.
Las promesas incumplidas
“La concreción del proyecto revertiría la actual situación de cesantía que nos afecta con la contratación de miles de trabajadores, por la gran gama de ofertas que propone el conocido proyecto, el más grande de todos los que en estos momentos están postulando.” Así se refería Leocán Portus en diario Crónica, a Marina del Sol. Lo cierto es que según la Superintendencia de Casinos y Juegos “el empleo directo permanente del casino de juego asciende a 436 trabajadores, y el que corresponde a outsourcing a 119.” Bastante lejos de revertir la cesantía.
En cuanto a los dineros que ingresarán al municipio por impuestos, “siempre se habló que recibiríamos $1.200 millones anuales", dijo a El Mercurio el alcalde (s) Héctor Silva refiriéndose con decepción a los 50 millones ingresados el mes de febrero. No obstante agregó que esperan un repunte durante el año "ya que no hay seguridad de lo que recibiremos cada mes". Marina del Sol es el segundo casino con mayores ingresos (US$57.604) después de Monticello, considerando los ingresos brutos promedio por día.
La Diagonal, intentó conocer la versión del Casino y aunque su encargada de comunicaciones accedió amablemente a coordinar una entrevista con el jefe de recursos humanos, al cierre de esta edición no habíamos obtenido respuesta.
Dato: Juan Ignacio Ugarte, Gerente de Marina del sol
Fue presidente del equipo de fútbol Arturo Fernández Vial y Presidente de Correos de Chile, institución de la que salió el año 2000, en medio de polémicas por supuesta mala administración, pago indebido de indemnizaciones y de costosos postítulos. Posteriormente fue electo como concejal de concepción, representando al partido Demócrata Cristiano, pero renunció mucho antes de terminar su gestión para aceptar el cargo de gerente del casino.


Recuadro: Una noche en el casino
Llegue a trabajar a Marina del Sol una noche, por una llamada. “Allí están las maquinas, ¿conocen el local verdad? Por allá están las cajas, ustedes ofrecen tragos, piden la plata altiro y después pasan por caja, los pagan los retiran y los sirven” nos dijeron a las cerca de 15 garzonas que llegamos las 7 de la tarde del sábado a trabajar. ¿Cómo vamos a ofrecer tragos si nos sabemos la carta? pregunto alguien. Poniendo la mejor de mis caras, (entusiasmada, porque el tipo que me llamó me aseguró que si trabajaba bien, me podían contratar por dos meses) comencé a acosar con mis amables ofrecimientos de alcohol, a los hipnotizados usuarios de las maquinas con cara de ¡ahora si que gano! Cerca de las 9 de la noche, la jornada se sentía tranquila, los clientes eran en su mayoría mujeres de avanzada edad y pedían solo cafecito y pisco sour. Los otros meseros deambulaban aburridos de recibir negativas.
Entonces recordé las palabras de mi supervisor “no anden con la bandeja vacía aprovechen de recoger vasos y cambiar ceniceros” como soy muy obediente eso hice, llevé una pila de ceniceros al desconchador. ¡Que lugar tan mal hecho! pensé… En esa piecita de 1x2 que daba a la ventanilla de los platos sucios, tuve el primer accidente de la noche: uno de los platos resbaló botando parte de mis ceniceros. Chaaaash! Los coperos se quedaron en silencio… Glup, ya la cagué… me dije. Para más remate recogiendo los vidrios me corté un dedo, a nadie le importó mucho. Fui a buscar un parche curita y un supervisor me miró con cara de “¡Ajá! Sacando la vuelta”
De apoco la tensión y el estrés se incrementaron y sin darme cuenta empezaron los problemas. La caja 1 colapsó y súbitamente una barwoman nos echó con un efusivo ¡A los de las maquinas no les preparo nada más, se me van todos pa’ la caja 2” … ups… dijimos muy bajito. La caja 2 no estaba habilitada así que tuvimos que seguir aguantando el caracho de la estresada joven. Seguí trabajando y con el dolor de mi alma me deshacía de las propinas de mis agradecidos clientes, en el tarrito de los garzones contratados, pensando: “soy el último escalón de la pirámide social. No merezco ni siquiera una miserable propina de 500 pesos, hasta los meseros que usan esas ridículas pecheras con rayas están por sobre mi… ufff, ojala llegue luego la colación”.
“Nos dijeron que a las 2 íbamos a tener colación” comentaban mis compañeras a las 3 de la mañana, en medio de la sonajera de tripas. Una señora que jugaba bingo (un sector en que sólo dos chicas atienden a un centenar de mesas), llegó desesperada a pedirme que le tomara un pedido de comida. Nunca creí que sería la misión más compleja de mi vida. Una caja que funciona a medias y a una considerable distancia de la cocina, el bar y los otros servicios. Primero tuve que ofrecerle una carta que no conocía, resolver interrogantes como: ¿La comida se aquí se paga igual que los tragos en las maquinas? O les cobro después. ¿Dónde se pide esto? ¿Esa caja de bingo esta de adorno? ¿Alguien puede ayudarme?… en fin. Luego esperar pacientemente en la cola de la caja, y después en la cocina y de atravesase medio casino con un lomito, logré satisfacer el hambre de la familia de gorditos. Otros clientes se abalanzaron, como si fuese la heroína de la comida.
Al rato llevamos un carrito de platos sucios a la cocina, el caos era tal que empezamos a ayudar a desconchar (sacar restos de comida de los platos y botarlos) eran cerca de las 4 de la mañana y tenía tanta hambre que hasta las papas fritas frías y rancias de los platos, me parecían apetitosas… sí, lo reconozco saqué un trocito de jamón serrano que parecía intacto… no me juzguen… tenía mucha hambre.
El piso de la cocina estaba resbaladizo. Era un peligro. Me resbalé tres veces y realmente sentí la adrenalina. Pero una señora copera no tuvo la misma suerte, perdió el equilibrio y se sujeto de un mueble no muy firme y un par platos se le vinieron encima. Por suerte no le cayeron en la cabeza, sólo fue un susto. Esto es el colmo, pensé.
A las 5.20 de la mañana, recién conseguí el desabrido y seco pan con queso y el helado jugo en caja, que hacía las veces de colación. Antes de completada la media hora de descanso, una garzona con pinta de alemana y actitud de nazi, nos pidió “delicadamente” que fuéramos a ordenar. ¡Ordenar? Eso no estaba en el contrato… ¿Qué contrato? Si no firmé nada… ni siquiera firme una lista… ni siquiera ví la lista de esclavos… debí ser más precavida… a esas alturas de la noche conversaba amplia y tendidamente conmigo misma, mientras recogía los vasos del VIP. ¿Esto es el VIP? Y qué tiene de VIP, pero si es igual de feo y chulo que el resto del lugar… a esa altura odiaba todo.
Finalmente el martirio acabó y el tipo que me llamó para trabajar no estaba por ningún lado. ¡Y entonces cuando nos van a pagar? Ahhh… esteeee… en la semana… llámenlo a la oficina el martes. Desde entonces he llamado unas diez veces a la oficina y al celular, y he ido 4 veces al casino y no lo he podido ubicar. En definitiva aún no recibo las miserables 15 lucas que me llevaron a pasar una de las peores noches de mi vida.
Las miserias detrás del lujoso casino
Por Sofía Fernández, publicado por La Diagonal
Muchos dejaron sus antiguos trabajos por la ilusión de mejores condiciones laborales, pero detrás del lujo y la ostentación, sólo encontraron miseria para los empleados. Contratos que duran dos meses y después: ¡Chao!; ambiente laboral malo, los horarios que no se cumplen, horas extras que no se pagan, así y todo algunos jefes señalan: “da gracias que tení trabajo”, cuentan ex empleados.
El empleo soñado
Estabilidad laboral, mejor sueldo, probabilidades de aumento y de hacer carrera, fueron algunos de los ofrecimientos, que motivaron a Carlos a renunciar al trabajo en el que se desempeñó por más de 10 años, perdiendo la indemnización que le correspondía. Llegó al casino Marina del Sol a fines del 2008 y recuerda que en el sector restaurante todo funcionaba mal, “no se podían coordinar las funciones y se generaba un caos. Un día estuvo tan mal el servicio, que el mismísimo Nicolás Imschenetzky, (dueño de la inmobiliaria Valmar y director de Marina del Sol) nos amenazó a todos con que iba cerrar el restaurante y los iba a echar cagando”
Asustados, junto a un compañero se pusieron la camiseta por la empresa y formularon un proyecto de mejoramiento del restaurante. Cuando el proyecto estuvo listo, se lo presentaron al gerente del casino, Juan Ignacio Ugarte (ver dato) y Oscar Pradenas el Gerente de Recursos Humanos (ex gerente de recursos humanos de Paneles Arauco) quienes les aseguraron que se les subiría el sueldo y se les capacitaría para que materializaran esas propuestas.
Al cabo de un mes Carlos entendió que pronto se desharían de ellos sin aumentos, ni capacitaciones y quedándose con sus ideas. Y así fue, al poco tiempo los despidieron a ambos y algunas de sus propuestas, como la caja en el salón de bingo y los carros bar, fueron puestos en práctica. Sin trabajo y desmoralizado por haberse arriesgado dejando su antiguo puesto, Carlos quedó endeudado y en la calle.
Su propina es mi sueldo
Silvana Guerrero ex supervisora de alimentos y bebidas cuenta que el primer problema se presentó en vísperas de navidad. El casino debía dinero a los garzones y además por esos días Pradenas le prohibió a Silvana entregar las propinas, que pagaban semanalmente los lunes, hasta que él lo ordenara. Complicados por las deudas y los regalos navideños, los empleados le solicitaron a Silvana que gestionara un adelanto. Al principio recibió el rechazo de su jefe, “le dije que la gente no tenía dinero para navidad y me dijo: que se consigan porque esta es política de la empresa” recuerda. Tras la negativa escribió un mail a Ugarte, logrando que a la semana siguiente les pagaran un adelanto y las propinas. “Pradenas publicó un cartel en el que aparecía como el viejito pascuero, que estaba entregándoles esas regalías por buena voluntad, como si fuera su regalo de navidad” dice Silvana.
Pocos días antes de pascua, llegaron los libros de asistencia y según cuenta la ex supervisora, a ella misma le tocó hacer que los trabajadores firmaran el mes completo de una sola vez y que repartieran las horas extras en varios días, para que no se notara que estaban haciendo más de dos horas extras diarias, el máximo permitido por la ley. Cuatro días antes de terminar su contrato la despidieron, señalando que era por reducción de personal. No obstante, de inmediato pusieron a alguien más en su lugar.
Silvana, recuerda que Pradenas constantemente estaba advirtiéndoles que podían perder su trabajo, algo que en su opinión, generaba un ambiente tenso y estresante. “Los canadienses, encargados de los juegos, son distintos con los trabajadores incluso, a ellos les sorprendía que acá tuvieran ese trato con los empleados.” Comenta.
Legalmente negreros
En seis meses de funcionamiento el casino ha sido fiscalizado 5 veces por la inspección del trabajo, debido a denuncias realizadas por trabajadores de la empresa. Les han pasado 8 multas y en tres de ellas han apelado. Una de las infracciones fue cursada por no conformar comité paritario y la otra, porque no había libro se asistencia. Silvana asegura que durante su estadía en el casino, cada vez que la inspección visitaba el recinto, los empleadores “Elegían a los que nunca alegaban por nada, para que fueran interrogados por la inspección y el resto se quedaba prácticamente escondido” señala.
A las amenazas constantes y los comportamientos abusivos se les llama mobbing, este aún no está tipificado como delito, por lo que el trabajador puede “demandar perjuicios y pedir el que se termine el contrato de trabajo, a través de lo que se llama el auto despido, cuyas causales están en la ley y una de ellas es el mobbing.” Explica el abogado laboral y académico de la Universidad San Sebastián, Andrés Varela. Añade, que esta medida es de interés del trabajador en caso de que lleve un tiempo considerable en la empresa, porque sólo así podría obtener una indemnización.
Con la reforma procesal laboral, se abre otra alternativa: el procedimiento de tutela de los derechos fundamentales. “En este procedimiento, el juzgado debe determinar de qué forma concreta el empleador debe reparar las consecuencias de su vulneración de los derechos del trabajador.” Explica el abogado.
Otras de las irregularidades denunciadas por los ex trabajadores, tienen relación con la jornada laboral, las horas extra y de descanso. En este caso, Varela deja claro que la ley establece que las jornadas laborales no pueden exceder las 8 horas diarias, más dos horas extras que deben ser canceladas al 50% más del valor de la horas ordinaria. Las horas extras no pueden ser permanentes y en la jornada debe existir al menos media hora de descanso. Se entiende que esta hora debe servir para reponer fuerzas y por tanto debiera ser en medio del horario de trabajo, aunque esto queda a criterio del empleador…
La Lista negra de la flexibilidad laboral
Edward ex jefe de cocina, no tiene malos recuerdos en cuanto a ambiente laboral y trato, pero si quedó muy disconforme con el modo en que los despidieron y aún no se explica porqué. Al igual que muchos de sus compañeros, antes de terminar su contrato consultó a su superior por su desempeño y le dijo que estaba todo bien, y creyó que le renovarían contrato. No obstante, al día siguiente se vio en una lista que le prohibía el ingreso. Recuerda que cuando fue a retirar había cerca de cincuenta personas más en la misma situación. “Vi como reducían personal y sobrecargaban de trabajo a los que iban quedando” comenta.
Posteriormente fue contactado por un tercero para trabajar, en un evento que se realizaría en el casino pero, al igual que a Silvana, se lo impidieron ordenes del casino. Según Explica el abogado, esta situación se denomina informalmente “listas negras”, en ella la empresa decide no volver a permitir el ingreso de trabajadores con los que han tenido problemas. Pero en otros casos lo que se busca es evitar que permanezcan mucho tiempo en la empresa, para no tener que generar contratos indefinidos o pagar indemnizaciones en caso de despido. Sin duda este es un abuso de la flexibilidad laboral, aunque completamente legal. “Frente a esto la legislación protege a aquellos trabajadores que entran y salen de la empresa con contratos a plazo fijo, pero no a aquellos que simplemente son despedidos.” Explica Varela. Y es que con la cantidad de cesantes, no cuesta mucho reemplazar a los trabajadores.
Las promesas incumplidas
“La concreción del proyecto revertiría la actual situación de cesantía que nos afecta con la contratación de miles de trabajadores, por la gran gama de ofertas que propone el conocido proyecto, el más grande de todos los que en estos momentos están postulando.” Así se refería Leocán Portus en diario Crónica, a Marina del Sol. Lo cierto es que según la Superintendencia de Casinos y Juegos “el empleo directo permanente del casino de juego asciende a 436 trabajadores, y el que corresponde a outsourcing a 119.” Bastante lejos de revertir la cesantía.
En cuanto a los dineros que ingresarán al municipio por impuestos, “siempre se habló que recibiríamos $1.200 millones anuales", dijo a El Mercurio el alcalde (s) Héctor Silva refiriéndose con decepción a los 50 millones ingresados el mes de febrero. No obstante agregó que esperan un repunte durante el año "ya que no hay seguridad de lo que recibiremos cada mes". Marina del Sol es el segundo casino con mayores ingresos (US$57.604) después de Monticello, considerando los ingresos brutos promedio por día.
La Diagonal, intentó conocer la versión del Casino y aunque su encargada de comunicaciones accedió amablemente a coordinar una entrevista con el jefe de recursos humanos, al cierre de esta edición no habíamos obtenido respuesta.
Dato: Juan Ignacio Ugarte, Gerente de Marina del sol
Fue presidente del equipo de fútbol Arturo Fernández Vial y Presidente de Correos de Chile, institución de la que salió el año 2000, en medio de polémicas por supuesta mala administración, pago indebido de indemnizaciones y de costosos postítulos. Posteriormente fue electo como concejal de concepción, representando al partido Demócrata Cristiano, pero renunció mucho antes de terminar su gestión para aceptar el cargo de gerente del casino.
Recuadro: Una noche en el casino
Llegue a trabajar a Marina del Sol una noche, por una llamada. “Allí están las maquinas, ¿conocen el local verdad? Por allá están las cajas, ustedes ofrecen tragos, piden la plata altiro y después pasan por caja, los pagan los retiran y los sirven” nos dijeron a las cerca de 15 garzonas que llegamos las 7 de la tarde del sábado a trabajar. ¿Cómo vamos a ofrecer tragos si nos sabemos la carta? pregunto alguien. Poniendo la mejor de mis caras, (entusiasmada, porque el tipo que me llamó me aseguró que si trabajaba bien, me podían contratar por dos meses) comencé a acosar con mis amables ofrecimientos de alcohol, a los hipnotizados usuarios de las maquinas con cara de ¡ahora si que gano! Cerca de las 9 de la noche, la jornada se sentía tranquila, los clientes eran en su mayoría mujeres de avanzada edad y pedían solo cafecito y pisco sour. Los otros meseros deambulaban aburridos de recibir negativas.
Entonces recordé las palabras de mi supervisor “no anden con la bandeja vacía aprovechen de recoger vasos y cambiar ceniceros” como soy muy obediente eso hice, llevé una pila de ceniceros al desconchador. ¡Que lugar tan mal hecho! pensé… En esa piecita de 1x2 que daba a la ventanilla de los platos sucios, tuve el primer accidente de la noche: uno de los platos resbaló botando parte de mis ceniceros. Chaaaash! Los coperos se quedaron en silencio… Glup, ya la cagué… me dije. Para más remate recogiendo los vidrios me corté un dedo, a nadie le importó mucho. Fui a buscar un parche curita y un supervisor me miró con cara de “¡Ajá! Sacando la vuelta”
De apoco la tensión y el estrés se incrementaron y sin darme cuenta empezaron los problemas. La caja 1 colapsó y súbitamente una barwoman nos echó con un efusivo ¡A los de las maquinas no les preparo nada más, se me van todos pa’ la caja 2” … ups… dijimos muy bajito. La caja 2 no estaba habilitada así que tuvimos que seguir aguantando el caracho de la estresada joven. Seguí trabajando y con el dolor de mi alma me deshacía de las propinas de mis agradecidos clientes, en el tarrito de los garzones contratados, pensando: “soy el último escalón de la pirámide social. No merezco ni siquiera una miserable propina de 500 pesos, hasta los meseros que usan esas ridículas pecheras con rayas están por sobre mi… ufff, ojala llegue luego la colación”.
“Nos dijeron que a las 2 íbamos a tener colación” comentaban mis compañeras a las 3 de la mañana, en medio de la sonajera de tripas. Una señora que jugaba bingo (un sector en que sólo dos chicas atienden a un centenar de mesas), llegó desesperada a pedirme que le tomara un pedido de comida. Nunca creí que sería la misión más compleja de mi vida. Una caja que funciona a medias y a una considerable distancia de la cocina, el bar y los otros servicios. Primero tuve que ofrecerle una carta que no conocía, resolver interrogantes como: ¿La comida se aquí se paga igual que los tragos en las maquinas? O les cobro después. ¿Dónde se pide esto? ¿Esa caja de bingo esta de adorno? ¿Alguien puede ayudarme?… en fin. Luego esperar pacientemente en la cola de la caja, y después en la cocina y de atravesase medio casino con un lomito, logré satisfacer el hambre de la familia de gorditos. Otros clientes se abalanzaron, como si fuese la heroína de la comida.
Al rato llevamos un carrito de platos sucios a la cocina, el caos era tal que empezamos a ayudar a desconchar (sacar restos de comida de los platos y botarlos) eran cerca de las 4 de la mañana y tenía tanta hambre que hasta las papas fritas frías y rancias de los platos, me parecían apetitosas… sí, lo reconozco saqué un trocito de jamón serrano que parecía intacto… no me juzguen… tenía mucha hambre.
El piso de la cocina estaba resbaladizo. Era un peligro. Me resbalé tres veces y realmente sentí la adrenalina. Pero una señora copera no tuvo la misma suerte, perdió el equilibrio y se sujeto de un mueble no muy firme y un par platos se le vinieron encima. Por suerte no le cayeron en la cabeza, sólo fue un susto. Esto es el colmo, pensé.
A las 5.20 de la mañana, recién conseguí el desabrido y seco pan con queso y el helado jugo en caja, que hacía las veces de colación. Antes de completada la media hora de descanso, una garzona con pinta de alemana y actitud de nazi, nos pidió “delicadamente” que fuéramos a ordenar. ¡Ordenar? Eso no estaba en el contrato… ¿Qué contrato? Si no firmé nada… ni siquiera firme una lista… ni siquiera ví la lista de esclavos… debí ser más precavida… a esas alturas de la noche conversaba amplia y tendidamente conmigo misma, mientras recogía los vasos del VIP. ¿Esto es el VIP? Y qué tiene de VIP, pero si es igual de feo y chulo que el resto del lugar… a esa altura odiaba todo.
Finalmente el martirio acabó y el tipo que me llamó para trabajar no estaba por ningún lado. ¡Y entonces cuando nos van a pagar? Ahhh… esteeee… en la semana… llámenlo a la oficina el martes. Desde entonces he llamado unas diez veces a la oficina y al celular, y he ido 4 veces al casino y no lo he podido ubicar. En definitiva aún no recibo las miserables 15 lucas que me llevaron a pasar una de las peores noches de mi vida.
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